Cómo saber si un huevo está malo: 5 pruebas

Cómo saber si un huevo está malo con la prueba del agua y otras señales: olor, aspecto de la clara y la yema, y qué significa la fecha de consumo preferente.

Manuel Carrillo Almoguera

Manuel Carrillo Almoguera

4 min read
Persona comprobando el estado de un huevo con la prueba del agua en un vaso

Para saber si un huevo está malo basta con un vaso de agua: si flota, deséchalo; si se hunde y se queda tumbado, es fresco. Es la prueba más rápida, pero no la única. El olor al cascarlo, el aspecto de la clara y la yema y la fecha del envase completan la comprobación.

Ahora bien, hay un matiz importante que casi nadie cuenta: un huevo puede tener un aspecto y un olor perfectos y aun así ser un riesgo si se come crudo. Aquí tienes las cinco comprobaciones y qué significa cada una.

1. La prueba del agua

Llena un vaso con agua fría e introduce el huevo. La cámara de aire dentro del huevo crece con el tiempo, así que su flotabilidad delata su edad:

  • Se queda tumbado en el fondo: fresco, pocos días.
  • Se pone de pie o flota a media altura: tiene ya una o dos semanas. Suele ser apto, pero mejor cocinarlo bien.
  • Flota en la superficie: deséchalo. La cámara de aire es tan grande que indica un huevo viejo o deteriorado.

Es un buen primer filtro casero, aunque conviene combinarlo con las señales siguientes.

2. El olor al cascarlo

Un huevo en mal estado desprende un olor sulfuroso inconfundible, a azufre o podrido, en cuanto lo cascas. Ese olor es la señal más fiable para descartarlo sin dudar.

Cásalo siempre en un recipiente aparte antes de añadirlo al resto de ingredientes. Así, si uno está malo, no estropea toda la preparación ni contamina el bol.

3. El aspecto de la clara y la yema

En un huevo fresco, la yema está abombada y centrada, y la clara tiene dos zonas: una más densa y espesa alrededor de la yema y otra más líquida. Con el paso de los días, la clara se vuelve más acuosa y la yema se aplana y se descentra.

Descártalo si ves colores anómalos (rosados, verdosos o iridiscentes en la clara) o cualquier textura viscosa fuera de lo normal. Pequeñas manchas de sangre, en cambio, no son peligrosas: son un defecto estético.

4. La fecha del envase

El huevo lleva fecha de consumo preferente, no de caducidad. Suele fijarse en 28 días desde la puesta. Pasada esa fecha, el huevo no es automáticamente peligroso, pero pierde frescura y margen de seguridad.

Si lo consumes después, hazlo solo bien cocinado, nunca crudo ni poco hecho. La diferencia entre fecha de caducidad y de consumo preferente es una de las que más confusión genera, y saber leerla evita tanto intoxicaciones como desperdicio de comida.

5. La cáscara

Revisa la cáscara antes de comprar y antes de usar. Descarta los huevos rotos, agrietados o con la cáscara sucia de restos, porque una fisura es una puerta de entrada para las bacterias.

Y una regla que sorprende a mucha gente: no laves los huevos antes de guardarlos. El lavado elimina la cutícula protectora natural y facilita que los microorganismos penetren por los poros. Se lavan justo antes de usarlos, solo si es necesario.

El aspecto engaña: el riesgo de la salmonella

Aquí está lo que las pruebas anteriores no detectan. Un huevo puede estar fresco, oler bien y tener una yema perfecta, y aun así llevar Salmonella en la cáscara. Esta bacteria no cambia el olor ni el aspecto del huevo.

Por eso, además de comprobar el estado, hay que manipularlo con cuidado: conservarlo refrigerado por debajo de 5 °C, no dejar preparaciones con huevo crudo más de una hora a temperatura ambiente y cocinarlo hasta que alcance 75 °C siempre que sea posible. Todo el detalle está en la guía de salmonella en huevos: cómo prevenirla en cocina.

Si trabajas con alimentos, este tipo de criterios no son opcionales. El Reglamento (CE) 852/2004 obliga a las empresas a formar a su personal en higiene, y el huevo es uno de los alimentos de mayor riesgo. En Alimentia, el certificado de manipulador de alimentos es 100% online y cubre justo estas situaciones, para que reconocer un alimento inseguro sea automático.

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Preguntas frecuentes

Introduce el huevo en un vaso con agua fría. Si se queda tumbado en el fondo, es fresco. Si se pone de pie o flota a media altura, tiene ya varios días pero suele ser apto si se cocina bien. Si flota en la superficie, deséchalo: la cámara de aire ha crecido tanto que indica que el huevo es viejo o está en mal estado.
El huevo lleva fecha de consumo preferente, no de caducidad. Suele fijarse en 28 días desde la puesta. Pasada esa fecha no es automáticamente peligroso, pero pierde frescura y seguridad. Si lo consumes después, hazlo solo bien cocinado (nunca crudo ni poco hecho) y comprueba antes el olor y el aspecto.
Un huevo podrido desprende un olor sulfuroso muy característico en cuanto se casca, incluso antes. Ese olor es la señal más fiable para descartarlo. Sin embargo, un huevo contaminado por Salmonella puede tener un aspecto y un olor completamente normales, por eso el olor sirve para detectar putrefacción pero no garantiza que un huevo de buen aspecto sea seguro si se come crudo.
Refrigerado a 4 °C o menos, un huevo fresco aguanta en buen estado entre 3 y 5 semanas, orientándote siempre por la fecha de consumo preferente del envase. Conviene guardarlo en su hueco de la parte central de la nevera, no en la puerta, donde la temperatura sube cada vez que se abre.

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